Busca un Sancho y enséñale a ser Quijote

Este texto lo escribí a principios de 2009… Lamentablemente, lo veo igual de vigente hoy.

Permanentemente me consigo con personas o con textos que hablan sobre la necesidad de salir de Chávez. Esa necesidad algunos la canalizan diciendo «no podemos permitir que gane una elección más», otros, afortunadamente los que menos, expresan sus deseos con una visión más drástica y de corto plazo.

Y me pregunto ¿será que en efecto el país sin Chávez sería sustancialmente distinto? Y siempre que me hago esa pregunta, la respuesta pesimista que asciende a mi mente es no. Y la razón es la profunda crisis de valores que se vive en nuestro país.

Para tener un verdadero cambio en Venezuela, es necesario trabajar desde la educación y no me refiero a las matemáticas o la lengua, que también son importantes, me refiero a la ciudadanía. El pequeño detalle es que la ciudadanía no se puede enseñar sólo en asignaturas sino mediante la experiencia en el día a día y sobre todo con el ejemplo.

La educación ciudadana como visión global de la educación, de manera transversal en los contenidos escolares, está un poco olvidada en Venezuela. Allí tenemos los resultados: un alto porcentaje del país considera correcto el hecho de que un mismo ciudadano pueda tener indefinidamente la posibilidad de postularse al mismo cargo público, o que un mismo ciudadano concentre en sus manos todo el poder de la nación, o que un ciudadano que dirige un país pueda expresarse vilmente de un grupo de otros ciudadanos simplemente porque no están de acuerdo con él, en fin, que la exclusión y el irrespeto sean la norma.

De esta manera, al menos a mí la conclusión se me hace obvia: el problema fundamental de nuestra querida patria es el problema educativo.

Imaginemos una Venezuela sin Chávez… nuestros problemas seguirían estando allí, porque si bien el gobierno actual no ha hecho gran cosa por propiciar una Educación Ciudadana (así, con mayúsculas) y más bien, pareciera estar tratando de manipularla a su conveniencia, también es cierto que en Venezuela la corrupción ha sido la norma y ninguno de los gobiernos de las dos décadas anteriores a Chávez lograron un mayor impacto en la formación de ciudadanos. Por el contrario, la calidad de nuestra ciudadanía ha ido mermando cada vez más.

Estoy seguro que si en Venezuela tuviéramos más ciudadanos, formados en solidaridad y respeto, conscientes de su corresponsabilidad en las pequeñas y grandes cosas de la nación, que fueran capaces de asumir que su libertad llega exactamente hasta el punto donde se afecta la libertad de los demás, que comprendieran que cada quien tiene derecho a tener su propia opinión y expresarla donde quiera y que en definitiva un país se construye con el concurso de todos y no de uno solo, Chávez hace rato que no sería el Presidente de Venezuela.

Que en Venezuela haya personas que aplaudan hechos que a esta altura del mundo deberían considerarse abominables, como la profanación de un templo (de la religión que sea), o que aplaudan cuando un dirigente político insulta a sus contrincantes o, peor aún, a aquellos ciudadanos que simplemente no le siguen, o que celebren el hecho de que a más de veinte mil empleados de la industria petrolera los dejen sin trabajo de la noche a la mañana, es la evidencia más clara de que en nuestro país la ciudadanía es un espécimen en vías de extinción y ese hecho no es sólo responsabilidad del gobierno, allí somos responsables todos.

Muchos maestros luchan día a día, tratando de legar un mundo mejor a las próximas generaciones. Un mundo, sobre todas las cosas, más humano. Cuando tengo el privilegio de estar en un salón de clases (y cuando no) yo lo intento, no sé si lo logro, pero lo intento. A veces siento que es una tarea profundamente quijotesca, que estamos arando sobre el mar.

Don Quijote y Sancho Panza en una «venta» de Toledo

Sin embargo, la mejor noticia que trajo la retirada de concesión de RCTV -canal cuya programación no es santo de mi devoción, pero eso no es lo que está en juego- fue la irrupción de una generación que nos está dejando ver que hay esperanzas, que aunque en todas partes se cuecen habas y siempre hay gente buscando pescar en río revuelto, pareciera que los quijotes son muchos y que cada día surgen nuevos. Pero todavía, la mayoría vemos molinos de viento y no vemos gigantes. Sancho Panza nos sigue gritando «aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento». Necesitamos ver los gigantes para poder vencerlos. Por ello yo te invito, a que tomes tu lanza, te busques un Sancho y lo enseñes a ser Quijote. Sólo de esta manera, dejaremos, como colectivo, de ver molinos de viento donde hay gigantes y después seremos tantos que los podremos vencer.

 

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